“Nunca
se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche
meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está
escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” Josué 1:8.
La meditación el mundo la toma como una herramienta que sirve para introducirnos en nuestro interior y ver
nuestras deficiencias psicológicas, emocionales y físicas. Y, desde el
conocimiento de lo que somos en realidad, comenzar el camino de nuestra propia
recuperación.
Mientras que para el cristiano la meditación se trata
de pensar, reflexionar, estudiar la palabra de Dios, razonar los versículos que
son como “yacimiento de oro” para nosotros y sus significados son el “oro” que
podemos extraer de él por su gran valor. La palabra de Dios nos sirve para
cualquier eventualidad que podamos tener en nuestras vidas, además que con la
meditación bíblica podemos entrenarnos para predicar la palabra como lo manda
Jehová en la Biblia.
Meditando la palabra conocemos el correcto
significado, renovamos nuestra mente y nuestra fe, y buscamos a Dios dentro de
su palabra siendo esta una de las formas que él tiene para establecer
comunicación con el hombre.
Para meditar la palabra debemos dedicarle
tiempo suficiente, tomar un horario específico dedicado a esta actividad de
manera que sea parte de nuestra rutina diaria, hacerlo sin apuro sino
entregarnos en ese momento para que nuestro espíritu se fortalezca con la
palabra de Dios, alimentar nuestra fe es tan importante como alimentar nuestro
cuerpo humano, porque si el espíritu no se nutre se ira debilitando cada día
más y no cumpliremos con el propósito que Dios nos ha mandado a cada uno
individualmente.


